¿Coincidencias o Diosidencias?

¿Coincidencias o Diosidencias?

Por: Andrea Saldaña

¿Coincidencias o Diosidencias?  Escuché Diosidencia por primera vez platicando con una colega originaria de Michoacán. Entendí que mezcla Dios y las tres últimas sílabas de la palabra Coincidencia. Yo comentaba acerca de la convocatoria para escribir anécdotas que serían publicadas en la página mujeresdehoy.mx.. Viajábamos en taxi de la CDMX a Texcoco. Asistiríamos a un Congreso de Enfermería. Esto nos dio la oportunidad de seguir platicando. Ella fue muy directa y me dijo que no me ofrecía escribir. Sin embargo, me contaría algo que a ella le había sucedido. Algo… que ella llamó  Diosidencias. Me propuse investigar el significado de ese concepto aunque le pregunté ¿Coincidencias o Diosidencias? ella me respondió, contesta tu la pregunta luego que oigas mi historia.

Diosidencias.

Encontré que diferentes autores utilizan el concepto para etiquetar acontecimientos inexplicables. En especial cuando no pueden atribuírselos a la casualidad. Aseguran objetivamente que estos tienen un trasfondo de causalidad, pues a su entender obedecen a una causa superior, que trasciende al azar, la coincidencia, e incluso a la razón. Como resultado ofrecen otro concepto contrario al de coincidencia.

Ellos introducen un concepto poco conocido, las Diosidencias. Proponen que este concepto se use para nombrar los sucesos para los cuales no existe ninguna explicación razonable.  Casos en los cuales su ocurrencia se podría catalogar como mágica o hasta milagrosa.  Eventos que suceden como si todo fuera una conspiración. Como si todas las piezas de un enorme rompecabezas se hubieran unido a la perfección para que ese acontecimiento se produjera.

Cualquier pequeña modificación de los elementos que se encadenaron habría hecho imposible dicha experiencia. De modo que, sin lugar a dudas, una fuerza muy superior tuvo que mediar su ocurrencia. ¿Coincidencias o Diosidencias? Este relato, episodios que me han sucedido y otros que he obtenido no sabría cómo explicarlos. Parece que todo se fue dando de una manera perfecta.

Otras explicaciones.

Podemos aceptar que podrían existir poderes más allá de nuestra comprensión en estas sorprendentes coincidencias. Sin embargo, la ciencia ofrece otras explicaciones. Michael Stevens explica que se trata de casos de “apofenia”, que es la capacidad del cerebro humano de establecer conexiones en sucesos aleatorios o datos sin sentido.

Se asegura que la “apofenia” no es la única trampa en la que caemos a la hora de cuestionar la imposibilidad de las coincidencias. Existe lo que se denomina “sesgo de confirmación”. Parece que nuestro cerebro lo ofrece al preferir las explicaciones o teorías más acordes debido a nuestro propio sistema de creencias. Esto quiere decir que, si deseamos que algo coincida, acabará coincidiendo. “Si no lo creo, no lo veo”, diría el filósofo Marshall McLuhan usando un giro de ese refrán.

Una de las leyes matemáticas afirma que cuando el número de muestras es muy elevado, las posibilidades de que se dé una situación son muy altas. El razonamiento probablemente parece irrefutable: Desde un enfoque matemático y estadístico parece que las coincidencias no son nada excepcional. En el planeta hay 7.000 millones de personas, significa que las probabilidades de que a alguna de ellas le ocurra algo “extraordinario”,  son muy altas. Los matemáticos Persi Diaconis y Frederick Mosteller querían definir las coincidencias como “casos excepcionales”. Como resultado de sus análisis prefirieron describirlas en su libro (1) como “una inesperada concurrencia de circunstancias que se percibe como significativa”. Finalmente, la sincronía, otro elemento a considerar, es parte de las leyes de la física.

Finalmente estos razonamientos me llevaron a decidirme agrupar algunas de las anécdotas en un capítulo que titulé:  ¿Coincidencias o Diosidencias.? A continuación comparto una de ellas.

I

Quien me contó esta anécdota, además de enfermera es podóloga. Empezó su relato diciendo. “Una noche después del último paciente me puse a revisar mi celular. Encontré una llamada perdida. Era frecuente. Mi nombre, especialidad y ejercicio privado me obliga a difundir mis datos en el directorio telefónico, en medios y redes sociales.”. “Llamé y me atiende una voz de mujer. Le explico que tengo una llamada perdida de su celular. Se molesta  y niega haberlo hecho.

“Le  doy mis datos y le menciono a que me dedico. Ella, verdaderamente asombrada, repite mis palabras sobre mis actividades. No es posible, me dice, hoy he estado muy ocupada sacando a mi marido del Hospital del Seguro Social. El es diabético, le acaban de amputar dos dedos de su pié hace unos días. Me lo llevé a la casa porque no lo curaban. Acabamos de llegar. Tiene mucho dolor, infección y mucho miedo de perder su pierna. Está desesperado, pero yo también pues no tengo a nadie que me apoye”.

“Le expliqué que curar ese tipo de casos es mi especialidad y la invito a venir a consulta. No tengo dinero, me dice. Le ofrezco pasar a su domicilio. No tengo dinero, tuvimos muchos gastos, añade llorando. Le ofrezco no cobrar la consulta, solo tiene que comprar  el material. Ahora  su sollozo es desesperado. La tranquilizo y le ofrezco pasar con lo necesario.”

¿Coincidencias o Diosidencias?

“Ya en su casa, curo la herida del marido, aplico antibióticos y analgésicos. Enseño como manejar la herida. Le dejo material y mi tarjeta. Pido su celular. Quería mostrarle la llamada a mi celular. No aparecía. La pantalla mostraba  varios días de llamadas. ¡Ninguna a mi número! Le muestro mi celular, me doy cuenta que solo aparece la llamada que yo hice. Ninguna llamada perdida. No  entiendo. Yo no tenía su número, ¿como pude marcarlo?…Ambas lloramos de la impresión.  Ella dijo que además de agradecerme por haber ido a curar a su marido ya sabía a quien más agradecer. Yo también”.

(1)“Methods for Studying Coincidences” (Métodos para estudiar coincidencias), 1989

Fuente: Andrea Saldaña. Anécdotas de enfermeras/os. Sin censura. En imprenta.

 

Facebook Comments

Noticias Recientes