Juegos Finitos *Memorias de un periodista en la Frontera. El primer susto.

Juegos Finitos *Memorias de un periodista en la Frontera. El primer susto.

 

Por Roberto Gutiérrez

En los primeros años de la década de 1990, la Frontera entre México y Estados Unidos, en lo que corresponde al Estado de Tamaulipas, era un nicho del narcotráfico similar al de ahora en otros estados del país, aún así la ciudad era un lugar provinciano en el que en forma paralela se desarrollaba el trasiego de estupefacientes a los Estados Unidos, y por el otro la población que estaba apartada de esa práctica llevaba una vida tranquila.

Los periodistas y los medios de comunicación estaban en medio de esa vorágine de acontecimientos, por lo que mi llegaba a la Dirección del Periódico, levantó muchas especulaciones, pues los periodistas de Tamaulipas, se preguntaron muchas veces, que hacía yo en aquel lugar y por qué como Director en una ciudad que en apariencia no tenía nada de importante.

Conforme pasaban los últimos meses de 1991 y los primeros de 1992, las versiones corrieron al por mayor sobre la verdadera causa de que alguien me hubiese enviado a ese lugar con otros propósitos más que ser un simple director de un diario, importante en la frontera.

Debo decir que mis dos últimos empleos en San Luis Potosí, antes de ir a Matamoros como director de el periódico El Bravo, habían sido el de director de la Unidad de Documentación y Logística en la Secretaría Particular del gobernador Leopoldino Ortiz Santos, y el de secretario adjunto a la presidencia del Comité Directivo Estatal del PRI, cuando era presidente Juan Ramiro Robledo Ruiz, justo en el periodo de campaña de Fausto Zapata Loreto a la gubernatura del Estado.

La Unidad de Documentación y Logística fue un área que Ramón Cerrillo y yo creamos en 1987 en la Secretaría Particular de Gobierno para respaldar el trabajo del licenciado Leopoldino que había sido enviado a sustituir al licenciado Florencio Salazar Martínez.

Esa área no existía y por cierto cuando se realizaban giras presidenciales durante el sexenio del presidente Carlos Salinas de Gortari y me reunía con los miembros del Estado Mayor, siempre me preguntaban que si era militar.

Esa era un área en la que lo mismo le escribía algunos de los discursos al Gobernador, elaboraba las tarjetas informativas de la situación política de la entidad y el país, que donde se diseñaba la organización de las giras y actividades del mandatario.

Después de ocupar yo ese cargo, la dirección de ese espacio considerado por nosotros como estratégico la ocupó el reconocido periodista nacional Julio Hernández López, durante la gubernatura de Gonzalo Martínez Corbala, quien llegó como gobernador luego de que terminó el periodo del licenciado Leopoldino Ortiz Santos.

En los últimos años a la Unidad de Documentación y Logística de Gobierno del Estado se le unió el área de Ayudantía del Gobernador, con lo que perdió toda su razón de ser, pues había sido creada por nosotros como un área pensante en la que se diseñaban políticas públicas del Gobernador, así como sus mensajes a través de actividades de gobierno.

El licenciado Ortiz Santos, hijo de una hermana de Gonzalo N. Santos, era un distinguido jurista, había sido ministro numerario de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, entre otros muchos cargos y llegó a gobernar San Luis Potosí, invitado por el presidente Miguel de la Madrid Hurtado, cumpliendo con responsabilidad el papel histórico que le correspondió para recompener el tejido social que había sido roto durante el corto periodo de Florencio Salazar.

A trabajar en esa área me invitó Ramón Cerrillo a quien había conocido en el sector juvenil del PRI, a principios de los 80, en ese tiempo yo era dirigente del sector juvenil del Sector Popular y él le ayudaba en la campaña para diputado federal al licenciado Leopoldino, por eso luego lo nombro su secretario particular cuando fue gobernador.

En 1988, el periodista Javier Rodríguez que en ese tiempo escribía una columna para el periódico Pulso, publicó todo lo que había atrás del trabajo que desarrollaba la Unidad de Documentación, creada dijo, en ese tiempo como un espacio que no estaba contemplado en el organigrama de la administración pública, pero que contenía políticas de primerísimo nivel en apoyo al trabajo del gobernador.

Mi llegada al PRI estatal como secretario adjunto a la Presidencia, derivó de una invitación del licenciado Juan Ramiro Robledo y fue durante la campaña de Fausto Zapata Loredo, a la gubernatura, la que por cierto ganó.

Para esos meses yo estaba ya comprometido para irme a la frontera como director del periódico y mi partida solo era cuestión de días, situación que nadie sabía.

Luego de que se supo el resultado electoral, que le daba la victoria al licenciado Fausto Zapata Loredo en las elecciones de 1991, una noche en el edificio del PRI, cuando todos estaban festejando, le dije a Juan Ramiro, que le agradecía mucho la invitación a trabajar con él, pero que mi etapa en ese partido había concluido.

“Terminé mi carrera y me contrató una empresa regiomontana para dirigir un periódico en la Frontera, por lo que hasta el viernes trabajo contigo, le dije, espero que nos veamos pronto y mucha suerte”.

Ramiro Robledo, que acostumbraba siempre traer en las manos un lápiz, me dijo: Por qué te vas, si ya ganamos la elección y vienen cosas muy buenas, quédate, te vas a trabajar a Gobierno.

Le reiteré que no, que había estudiado una carrera que me gustaba y quería ejercerla. Cierto no me había titulado le dije, pero ya habrá tiempo. El me dio la mano y también me dio las gracias. Nadie se imaginaba por supuesto lo que ocurriría después que se dio el movimiento navista en la Capital Potosina y la renuncia del licenciado Fausto Zapata Loredo a la gubernatura, sin embargo esa etapa de la historia de San Luis Potosí, ya no me tocó vivirla, pues ya estaba en Matamoros con mi familia.

Me enteré de todo lo que ocurrió después en la Capital, por los medios de comunicación y desde mi posición como nuevo director del periódico El Bravo de Tamaulipas.

Esa había sido la única razón para salir de San Luis Potosí, hace ya casi 25 años, para llegar a un lugar desconocido a ejercer mi carrera, pese a lo que mucho se comentó en la Frontera sobre mi actividad pública y política, nada de tuvo que ver en mi decisión de dirigir un diario y dedicarme a escribir, algo quizás en un principio que no tenía pies ni cabeza para muchos de los que me conocían, pero que el destino había puesto en mi camino y debía yo cumplir.

 

 

EL PRIMER SUSTO

 

Ya en Matamoros el director del corporativo que me contrató, me recomendó a una persona que me rentaría una casa, cerca de la suya, me dijo que era un barrio muy tranquilo, que el ahí tenía viviendo desde que era director del Grupo Carba (Carretero Balboa) y que debía irme para allá con mi familia. Acepté gustoso pues no tenía ni idea de donde iba a vivir, ni qué lugar era mejor para hacerlo. El fraccionamiento Los Sauces que estaba cerca de la carretera a Ciudad Victoria, también lo estaba del Colegio La Salle, lugar a donde entraron mis hijos Lili, R. Olivier y Fabián, esté último a primer año de primaria a quien inmediatamente ingresaron al equipo de beis bol, de las ligas pequeñas como ocurre con todos los niños de Matamoros, a quienes desde muy chicos se les inculca el amor por el beisbol, lo que nunca le agradó a Fabián, pues él decía era portero de futbol.

La escuela estaba cerca de la casa, así es de que caminando pasaba mi esposa por ellos y llegaban a la casa, sin problemas. Así transcurrieron los primeros meses. Un día como a las 6 de la mañana, mi esposa y yo despertamos pues escuchamos mucho ruido parecido al tronar de “cuetes”.

En San Luis Potosí, es muy común que por las festividades religiosas o no, los cuetes, son algo muy normal. Truenan toda la noche, tanto por un entierro, como por una fiesta de una iglesia, o por cualquier cosa.

El estruendo sin embargo continuó lo que nos hizo levantarnos de la cama y buscar a los niños. Ellos llorando preguntaban qué pasaba, después de lo que pensamos que eran “cuetes”, escuchamos sirenas y muchas voces, por lo que me asomé por la ventana y observé muchos policías tanto en la calle como en las azoteas de las casas de enfrenta de nosotros.

Le dije a mi esposa que se agachara con los niños pues algo estaba pasando en la calle. En unos momentos vi brincar por la azotea de la casa donde vivíamos muchos policías armados y gritos, muchos gritos.

Mi esposa, los niños y yo, nos sentamos en el suelo y así nos quedamos hasta que no escuchamos ruido. Decidí salir y en la calle observé a varios reporteros y fotógrafos, así como vehículos de la policía y mucha gente en la calle.

Un reportero se me acercó y me dijo buenos días licenciado, trabajo en el periódico PM, era el vespertino que se hacía en El Bravo, los reporteros entraban a trabajar a las seis de la mañana, pues el tabloide salía a las 12.00 a la calle, con las noticias de la mañana.

Le pregunté que había pasado y me contestó que un sujeto estaba disparando con una ametralladora desde el techo de la casa donde yo vivía, pero que ya lo habían detenido.

Regresé al interior de la casa, cerré bien y le pedí a Liliana que no saliera ese día, que no llevara tampoco a los niños a la escuela, que iba al periódico, pero que regresaría temprano. (continuará).

 

 

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