A falta de aulas, alumnos indígenas construyen su propia escuela

A falta de aulas, alumnos indígenas construyen su propia escuela

Es en un pueblo indígena con casi el 18% de población analfabeta. Un estudio de arquitectura dictó un taller de construcción que impulsó el proyecto.

Escuela en Puebla. El proyecto surgió de un taller sobre construcción en bambú

Tepetzintán es un pueblo de cerca de 1000 habitantes en el estado de Puebla, a unos 130 km al sur de Ciudad de México. La vida en este lugar a más de 500 metros de altura es difícil: Sólo el 33% de la población está ocupada, casi el 27% de las mujeres son analfabetas (el promedio general es de 17,94%) y alrededor del 18% no habla español.

En este pueblo en donde todo está por hacerse, el estudio Comunal: Taller de Arquitectura organizó en 2015 un taller de construcción con bambú que significó un aporte esencial para la calidad de vida de los pobladores de Tepetzintán.

«Para nuestro equipo, la arquitectura no es un objeto, es más bien un proceso social participativo, vivo y abierto, que permite a los pobladores expresar sus ideas, necesidades y aspiraciones, poniéndolos siempre en el centro de los proyectos y la toma de decisiones», señalan las titulares del estudio, Mariana Ordóñez Grajales y Jesica Amescua Carrera.

Su estudio colaboró con los estudiantes de la zona en la construcción de un espacio educativo con recursos disponibles en el lugar. Motivados por lo que habían aprendido y la falta de aulas en su comunidad, los jóvenes de Tepetzintán decidieron iniciar el proyecto en 2016.

Según detallan Grajales y Amescua Carrera, «nuestra labor conjuga la arquitectura y la ingeniería para la innovación tecnológica de sistemas constructivos con materiales regionales y la conservación de las tipologías vernáculas, lo cual resulta del intercambio de saberes entre pobladores, especialistas y técnicos». De ahí que los estudiantes hayan desarrollado el concepto de “escuela productiva rural” que además de proveer de espacios apropiados para la educación, reconsidera métodos de aprendizaje y enseñanza.

Materiales. Se utilizó hormigón, ladrillos y bambú.

El programa arquitectónico fue pensado para que los alumnos puedan aprender e intercambiar los conocimientos necesarios para esta comunidad alejada de las grandes urbes, en donde la emigración y la separación de familias es la única salida posible a futuro.

Objetivos. La escuela se construyó para ser el lugar del intercambio de saberes.

Como resultado de esta experiencia, se planteó la realización de tres aulas, un jardín «tradicional», otro con plantas medicinales y una cocina-laboratorio para la producción de ungüentos, cremas y jaleas. Además, una sala- taller promueve la capacitación sobre el uso del bambú y otros materiales locales para la elaboración de estructuras y mobiliario.Y

Cuentan las arquitectas: «Creemos firmemente en nuestra profesión como una herramienta que puede ayudar a mejorar la calidad de vida de las comunidades a través de procesos que detonen autonomía, empoderamiento y autosuficiencia»; y a eso apunta este proyecto que ya finalizó su primera etapa.

Aporte. El estudio Comunal: Taller de Arquitectura considera que esta disciplina debe ayudar al empoderamiento de las comunidades.

En 2017 el proyecto se presentó a los padres de la comunidad. Se formó un comité comunal ad hoc, y la asamblea general del pueblo aportó su parte con la donación del terreno. También se involucraron empresas privadas y ong’s internacionales.

La escuela incluye aulas, laboratorio y un jardín de plantas medicinales.

La construcción comenzó ese mismo año y terminó con la creación de un aula y un edificio para los servicios. La segunda etapa, un aula y la cocina- laboratorio está en este momento en ejecución.

Colaboración. Al proyecto se sumaron empresas privadas y ong’s internacionales.

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