“Los jóvenes son uno de los grupos de población con mayores dificultades para insertarse en empleos formales. En 2017, del total de personas jóvenes ocupadas, 59.9 por ciento se encontraban en empleos informales. Respecto a su nivel salarial, más del 50 por ciento percibía de uno y hasta tres salarios mínimos; esto equivale a un ingreso entre 2.220 y 6.661 pesos (unos 116 y 350 dólares) al mes”, indicó el informe.

Entre las consecuencias de la inserción de los jóvenes en empleos informales y precarios (sin seguridad social y con bajos salarios) están los efectos económicos del mal aprovechamiento de capital humano y la dificultad de acumular experiencia traducida en menores ingresos en el futuro.

Además de problemas para acceder a jubilaciones basadas en sistemas de capitalización individual, postergación en la integración de hogares, abandono escolar, restricción de la movilidad laboral y marginación.

La información expuso que además de enfrentar “condiciones laborales precarias” durante el cuarto trimestre de 2017, la tasa de desocupación entre los jóvenes fue del 5.9 por ciento, superior a la tasa nacional 3.3 por ciento.

Se apuntó que en 2015 en México había 75 mil 446 adolescentes casados entre 12 y 17 años, que el embarazo a temprana edad era un problema para su permanencia y culminación en su etapa escolar y que 613 mil 816 mujeres, entre 12 y 19 años, fueron madres.