Las escuelas de los jóvenes mexicas: Calmécac y Telpochcalli

Las escuelas de los jóvenes mexicas: Calmécac y Telpochcalli

¿Sabías que? La sociedad mexica contaba con un eficiente sistema de educación formal que le permitía no sólo transmitir los conceptos que le daban identidad sino también los conocimientos necesarios para colaborar en las empresas militares que eran su principal sustento.

Vamos a hacer un paréntesis para contarte una parte de nuestra historia de la que no se habla lo suficiente (y lo merece).

En su época, la mexica fue de las primeras civilizaciones del mundo que reconoció que todos los chicos, sin importar si eran hijos de agricultores, obreros, guerreros, comerciantes o nobles, merecían recibir una educación de calidad en una escuela supervisada por el estado para convertirse en buenos ciudadanos.

mexicas Calmécac
Entrada de los niños al telpochcalli. Códice Florentino, Lib. III, f. 31v. Digitalización: Raíces.
Cuando eran pequeños, los niños aprendían de su familia los “huehuetlatolli” (“palabras de los viejos”) que englobaban la visión mexica del mundo: la vida, la muerte, las virtudes y bajezas humanas, sus ceremonias, su religión, su calendario… en fin, todo. Era lo que les daba los primeros cimientos de quiénes eran ellos, quién era su gente y cuál era su historia.

Un poco mayores (aunque los historiadores no saben exactamente cuándo, porque diferentes fuentes de la época hablan de edades distintas: unas alrededor de los 5 años, otras alredeor de los 10 y otras de los 14 o 15) los padres debían mandar a sus hijos e hijas a alguno de los dos tipos de escuelas disponibles:

Calmécac

Quienes allí asistían generalmente eran hijos de nobles (pero no todos) y su enseñanza era más del tipo intelectual para convertirse en dirigentes políticos o militares, sacerdotes,

médicos, astrónomos o maestros. Allí les enseñaban teología, geometría, rituales religiosos, astronomía, el manejo del “tonalpohualli” (el calendario o “cuenta de los días), el lenguaje culto (que era diferente del de diario), pintura de códices y habilidades políticas.

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Mexicas | Patio de la etapa VII del Calmecac. Museo de Sitio del Centro Cultural de España en México. Wikimedia Commons

Telpochcalli

Generalmente, es a donde acudían quienes no eran hijos de nobles y su enseñanza era más de tipo práctico: militar, técnica (artesanos), de caza o agrícola. Ahí también estudiaban los futuros grandes guerreros, quienes tenían un papel muy importante en la sociedad mexica.

Pero checa esto: si un chico o chica mostraba tener grandes aptitudes intelectuales y estaba en el telpochcalli, era transferido a un calmécac aunque fuera hijo de padres humildes. Y si otro chico de un calmécac mostraba tener grandes aptitudes atléticas, era transferido a telpochcalli para ser entrenado como guerrero.

En algún momento todos los niños y niñas mexicas iban también a otra escuela obligatoria: el “cuicacalli” o “casa del canto”, donde aprendían a tocar instrumentos musicales, danzar y cantar.

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Para los mexicas, el rostro (in ixtli) y el corazón (in yollotl) simbolizaban algo así como su mente y su alma; y a la acción de enseñar le llamaban “ixtlamachiliztli”, que significa “dar sabiduría a los rostros ajenos”.

Su sistema de educación estaba bien pensado para su cultura y circunstancias y tenía objetivos muy claros que conocemos por códices como el Documento A del Huehuetlatolli, que dice que para dar sabiduría “al rostro y corazón”, comenzaban a enseñarles:

Cómo han de vivir, cómo han de obedecer a las personas, cómo han de respetarlas, cómo deben entregarse a lo conveniente y lo recto, y cómo han de evitar lo que no es conveniente ni recto.

¡Querido profesor!

Ahora vamos a contarte sobre los maestros del calmécac, los “tlatolmatinime”: eran sacerdotes, poetas y sabios que para “formar rostros sabios y corazones firmes” le enseñaban a los chicos a hablar educadamente y tratar bien a los demás, y los cantos y poemas con los mitos y leyendas mexicas (lo que hoy llamamos literatura).

Además, les dejaban de tarea escribir cantares y composiciones que debían recitar en público para entrenarse en el bien hablar y el bien narrar.

Los maestros, además, se reunían en fraternidades de sabios y poetas llamadas “icniúhyotl”, donde daban a conocer ideas y composiciones y las discutían, adquiriendo así conocimientos nuevos contínuamente.

Y así era como en el centro de nuestro territorio, en el siglo XVI, todos los niños iban a la escuela.

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