Las matemáticas se aprenden mejor después de unos minutos de taichi. Una sesión de masaje facial, unos ejercicios de control respiratorio o de yoga ayudan a generar un ambiente de tranquilidad en las aulas y predisponen a los estudiantes a aplicarse en los estudios. Esto es lo habitual en el colegio San Félix de Ortuella (Bizkaia), que esta semana ha recibido el Premio vasco a la Innovación por crear “naves educativas” y vaciarlas de ruido. “Estamos haciendo una revolución silenciosa, un cambio radical en la forma de educar y de dar clase. Tenemos que perseguir la utopía”, afirma la directora del centro, Nieves Fernández. Un programa de buenas prácticas en la educación, pilotado por expertos de Harvard, está consiguiendo mejorar los niveles de satisfacción de los alumnos y ser un referente en el mundo académico.

En las aulas de San Félix las cristaleras sustituyeron los tabiques; los pupitres han sido diseñados por los propios estudiantes; las clases se imparten en salas grandes y espaciosas; las papeleras cuelgan de las papeleras para evitar obstáculos, el material educativo está a la altura de la mirada del alumno… Estas acciones le valieron al colegio la concesión de la A de Oro a la gestión avanzada -en 2010 recibieron el reconocimiento de calidad Q de Plata- y ahora han sido distinguidos como un centro educativo innovador por aplicar un programa de “descontaminación acústica”, consistente en “generar un ambiente agradable y menos ruidoso en las aulas”.