No les digo adios. Solo es una breve despedida.

No les digo adios. Solo es una breve despedida.

 

Por Carolina Varela Castillo*

 

México, país de contrastes y recursos naturales cual más, descendiente de una rica historia socio-cultural importante en América, esto y más se constata en ese lado del mundo después de estar en su suelo por 5 años y once meses, es justo ahora dar las gracias a cada una de las personas que de una u otra forma han enriquecido mi vida.

Desde hace meses ando alistando un viaje, que no llega, ahora “en puerta” sigo alistándome, cerrando cajas, despidiendo amigos y amigas que más que eso, han sido hermanos y hermanas en este trasegar, no les digo adiós, es solo una breve despedida, este mundo es tan chico que en menos de nada vuelvo a esta tierra.

No niego que me harán falta, pese a que no nací aquí me han hecho sentir como en casa, y esto no es cualquier cliché, o palabras que se dicen sólo por quedar bien, es en serio, así es la calidez del mexicano, me até a esta tierra que considero como mía, tanto que como mexicana salgo de sus fronteras y como mexicana he de ir trasegando en esta vida aun cuando, por mis venas no corre sangre mexica ni azteca.

He aprendido a enchilarme a más no poder, tanto que viajaré como todos con algo de “miguelito”, mole, tortillas y claro alguna que otra botella de tequila o mezcal, no me faltarán las semillas de tomate, chile verde y algún paquete de piquín, últimamente y ya faltando menos de 20 días, me he puesto a tope de toda la vitamina T, conocida: tamales, tacos, tortillas, tortas y demás.

Me aferro a esta tierra, me voy sabiendo que volveré, me hace falta ver mucho México y aprender más de sus gentes, como no seguir soltando la lengua con “tlapalería, Tlajomulco, Tlehuexolotzin, tlepacle, Tliliuhquietepc,  Nahuaque, Póchotl, etc…” solo las escribo, porque más de una no podría ni medio pronunciarla, o seguir “metiendo la pata” cada vez que hablo como colombiana, bueno, ya no pasa de una tremenda carcajada de la gente que me oye, cuando suelto un “me estas mamando gallo”, estoy de “afán” o busco una “droguería”.

En cuanto a mi acento al hablar, ya es una cosa rara, entre el “cantado bogotano”, y el “cantado mexicano” donde, aquí y allá, siempre paso por extranjera, se me han “pegado” claro está, muchos modismos entre la “botana, charolas, chamacos, checar, fachas, platicar y el ¡a poco!, “órale” y el “si pues”, me los llevo.

Con lo que nunca pude, por más atenta que estuve fue con el “albur”, de  no entender media palabra, pasé a entender después de un tiempo lo que me querían decir y eso que en el sur del continente también tenemos “malicia indígena” y hablamos en doble sentido, pero aquí se llevan el premio mayor y más si se pasa de una conversación “sería” o “formal” a los albures.

Ya queda poco, para que me lean por otras tierras, en otro cielo, les dejo mi amistad, con la sincera promesa que mi corazón anda en México, seguiré en este espacio agradeciendo el interés que le han prestado a los artículos expuestos, con la obligación que los próximos tengan el mismo provecho, espero crear puentes sólidos entre México y España.

Por último, agradezco a las personas que han creído en mí, sus enseñanzas han sido de gran valía para seguir creyendo que de “escritora”, tengo un pelo, trataré de plasmar lo que sigue en esto, que creo mi existencia y decir por donde vaya: “Soy mexicana nacida en Bogotá, porque los mexicanos nacemos donde se nos pegue la gana”.

 

*Carolina Varela Castillo, es Investigadora del Departamento de Derecho de la Universidad de Salamanca y cuenta con Maestría en Derechos Humanos y Derecho Comunitario.*Abogada por la Universidad Javeriana de Bogota y Especialista en Derecho Tributario y Fiscal, por la Universidad de los Andes. *Es colaboradora del Portal Digital de la Revista Potosina de Educación, desde 2013.

 

 

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