El ajedrez como herramienta educativa

Las capacidades para jugar ajedrez son muchas: concentración, análisis, capacidad de decisión, memoria, superación y pensamiento analítico, entre otros. Estimularlos en edades tempranas, ayuda a un desarrollo focalizado y presenta un incremento en el coeficiente intelectual. Hoy en día es utilizado en varios países del mundo, entre ellos España, donde recientemente un grupo de profesionales ganó el premio  London Chess Conference por su proyecto de implementar el ajedrez al tratamiento de niños con hiperactividad. En 1995 la UNESCO  recomendó a los países miembro incorporarlo como materia educativa para niveles primarios y secundarios.

El jugar ajedrez conlleva de muchas habilidades intelectuales, las cuales se recomiendan desarrollar en niños y adolescentes. La utilización de la memoria, por ejemplo, ayuda a retener información y luego recordarla. Aunque se implemente en el juego, es una habilidad que puede aplicarse luego en otras áreas. En especial a la hora de estudiar, su cerebro estará “entrenado” para retener datos. Al igual que la estrategia a utilizar en el juego, la cual les permitirá trabajar las zonas del cerebro que tienen que ver con el pensamiento lógico-matemático. De esta forma tendrán la capacidad de desarrollar mejor la forma en que se enfrentan y resuelven problemas.  El alumno podrá evaluar cuál es la opción correcta y a partir de allí tomar una decisión acertada. Ya sea para mover una pieza, realizar un problema de matemáticas o decidir su carrera profesional.

Los profesionales aseguran que el jugar ajedrez refuerza la capacidad de concentración, favoreciendo a muchos niños y adolescentes que sufren por el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). La observación y el análisis minucioso que representa una partida de ajedrez incrementa la concentración de los jugadores, en este caso los alumnos. En el caso de los niños con TDAH, además de ayudarlos a concentrarse, reduce el uso de medicación. Sin embargo, el ajedrez no es para todos los niños. Existen casos severos donde el juego no realiza muchas modificaciones en sus capacidades, pero sirve para que se relacionen con sus pares y se diviertan.

 

Aunque los fines son educativos, el hecho de que cada partida es un nuevo reto asegura un aumento de autoestima en los niños y adolescentes que lo practican. Cada vez estará más entusiasmado por ganar y ese afán de superarse le traerá muchos beneficios para su educación. Al fallar en una clase sabrá que puede superarse, por ejemplo. La reflexión, la autocrítica, la planificación y la prevención también serán habilidades puestas en práctica que les traerán beneficios a la hora de estudiar. Al interpretar cada situación con detenimiento los alumnos se sentirán más confiados para realizar tareas, evaluando factores y entendiendo las complicaciones.

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