JUEGOS FINITOS * El Estado contra los niños

JUEGOS FINITOS * El Estado contra los niños

 

Roberto Gutiérrez

 

En los últimos diez años, el fenómeno del bullying se recrudeció en todas las escuelas, sin embargo es más viejo que Matusalén, por eso da risa que tanto la Secretaría de Educación Pública, como el Ejecutivo Federal suelten con mucha facilidad, que será combatido en las escuelas, como si se tratara de iniciar un combate en contra de una oleada de narcotraficantes o delincuentes integrada por niños que en calcetas, tenis y pantaloncillos cortos y la fuerza de sus puños, dañan a sus compañeros.

Pues no, no es así, el bullying es un fenómeno social que no nació en las escuelas, sino en la casa, en la televisión, en el cine y toda esa sarta de series de superhéroes gringos, japoneses y de todo tipo que han inundado la pantalla chica de la tv y a la que las familias mexicanas han abierto las puertas y las han sentado en la sala de la casa, en el comedor y hasta en el dormitorio, donde duermen los niños.

En nuestra cultura el bullying, significaba no hace muchos años que un niño mayor le pegara o molestara a otro más chico, lo que era solo una maldad propia de la edad, que con el tiempo se transformó en una actitud, como lo es ahora y que se quiere borrar por decreto de los planteles educativos, cuando ya está más enraizado que el árbol de la Noche Triste, donde lloró Hernán Cortés.

Ahora el Estado Mexicano, ya no solo la SEP, están asustados por lo que ocurre en las escuelas, pero no han sido capaces de combatir las programaciones televisivas, ampliar los horarios de educación, formar ciudadanos con valores que vivan para su comunidad y que la amen como si fuera su hogar, pero además a integrar a padres y madres al proceso educativo.

El bullying es sinónimo de la corrupción y la violencia que los niños observan en la información que transmiten los medios de comunicación, pero también es resultado de los gritos entre padres y madres, que privilegian la búsqueda de sus satisfactores personales, más que el de los niños, a quienes tienen la responsabilidad de educar.

Es también sinónimo de la lucha por la supervivencia, de la pobreza, de la falta de salud que ha sido desatendida por el Estado Mexicano, que ha encumbrado a una casta de funcionarios y políticos con altos salarios y prestaciones que los ciudadanos observan asombrados y comparan sus raquíticos salarios. Esa imagen es la que tienen los niños de la sociedad donde se desenvuelven y que hace crisis, al abusar de quien o quienes no se puede defender. Entonces la lucha en contra del bullying no se debe librar solo en las escuelas, donde se supone hay reglas de convivencia que se deben respetar.

Se debe librar en la propia sociedad, en el gobierno displicente que tolera la corrupción, pero que además trasciende, hacia las familias, en la casa y en la comunidad.

La vía más fácil es lo que el discurso oficial ha dicho hasta ahora. “El Estado contra los niños”, textualmente no, pero así se interpreta, si se ve a los menores como los causantes del bullying, cuando es la propia sociedad, la familia, la comunidad, el sistema educativo y el gobierno, quien ha generado lodo y se enoja porque los niños se ensucian.

La sociedad tiene una tarea inconclusa en materia educativa, revisar y revisar el sistema, combatir a los malos maestros, a los malos funcionarios, exigir y exigir cada vez que se pueda, mejores escuelas, mejor educación, mejores salarios para los educadores, esa es la mejor fórmula para combatir al bullying.

 

 

 

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