Juegos Finitos *Memorias de un periodista en la Frontera. Una época de impunidad

Juegos Finitos *Memorias de un periodista en la Frontera. Una época de impunidad

 

Roberto Gutiérrez

 

 

En la década de los 90s, Tamaulipas era el estado del país que más periódicos tenía, muchos de ellos tabloides, que así como aparecían, desaparecían. Pero también había tabloides que hacían grandes periodistas como Gonzalo Martínez Silva, un viejo gordo bigotón, que amo el periodismo hasta la médula, eso lo llevó a fundar El Imparcial, que aún publican sus descendientes, y por el cual don Gonzalo, perdió a Saúl, su hijo mayor, a quien conocí y traté en Matamoros.

A Saúl Martínez su hijo lo mataron narcotraficantes, fue un dolor muy grande para Gonzalo, en esa época ya no estaba yo en Matamoros, pues fue asesinado un 23 de marzo del 2001, pero me enteré en San Luis Potosí y a la distancia compartí su dolor por esa pérdida, pues también conocí y traté a Saúl.

De 1997 a la fecha se dio nuevamente en Tamaulipas una época de impunidad similar a la ocurrida en los 80s, en la que mataron a las puertas del periódico El Popular a Ernesto Flores Torrijos y a Norma Moreno Figueroa, director y jefa de información respectivamente del diario, pues además de Saúl Martínez, también fueron asesinados Pablo Pineda Gaucin fotógrafo y reportero a quien conocí en el periódico El Bravo, Un joven de lentes robusto de quien se decían muchas cosas, al igual que de otros mucha gente del medio, también fue acribillado el médico Mario Morales Palacios, quien escribía una columna en el periódico El Bravo, cuando estuve de director.

Al doctor Mario Morales lo conocí por varios periodistas y luego lo saludaba casi todos los días, pues al lado del periódico El Bravo estaba la clínica donde el laboraba, y con frecuencia me lo encontraba desayunando en el restaurante del hospital, a donde yo también iba a comer o a desayunar.

Mario era un tipo centrado, observador e inteligente, su oficina un cubículo muy pequeño estaba en el misma clínica, yo lo iba a visitar pues don José Carretero dueño del periódico El Bravo, me enviaba con él, pues el doctor Mario Morales representaba en ese tiempo como vocero a la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) y las cuestiones de publicidad se veían con él.

Su oficina estaba tapizada de muchas fotografías de amigos, políticos y gente del medio, lo que le daba un ambiente agradable, además de otros títulos y reconocimientos a su profesión, así como muchos libros, entre los que destacaba El Quijote.

Nuestro trato siempre fue cordial, además que en ocasiones él también me visitaba en mi oficina para presentarme a funcionarios de la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Una ocasión llevó al “Yuca”, Alfonso Pérez Vázquez un tipo de mediana estatura dicharachero que era director de Comunicación Social de la Universidad de Tamaulipas y a quien un día llevó al periódico a presentarlo conmigo. El Yuca como le decían fue quien ideó que el rector de ese entonces de la UAT Humberto Filizola Haces, jugara futbol en el equipo de Correcaminos de la UAT.

La ocasión la recuerdo muy bien pues el Yuca, como le decían desde sus tiempos de universitario en la UAT, llevó en esa ocasión al periódico a por lo menos 20 guaruras algo inusitado para un jefe de prensa.

Meses después acudí a Ciudad Victoria a saludar a varios amigos y coincidimos en un restaurant y me preguntó que si no lo iba a “madrear”, le dije que ¿por qué? y me contestó, que así eran todos los directores o periodistas que conocía, cuando no les daba publicidad lo amenazaban con “madrearlo” en sus medios. Y solo sonreí y le dije que no era el estilo del periódico El Bravo.

El periódico El Bravo lideraba en la frontera, era el diario referencia sin embargo necesita un cambio. Utilizar su fuerza no para denostar, atacar o realizar campañas negras para conseguir ingresos, pues todo lo tenía. En sus páginas se anunciaban las grandes tiendas norteamericanas como Dillars, Sears, HEB y otras muchas, además de negocios pequeños de joyerías, ropa, muebles y equipos electrónicos a las que iban los tamaulipecos los fines de semana a comprar, así como mucha gente del interior del país que viajaba por carretera, en ese tiempo aunque malas eran muy seguras.

En esos años aun se acostumbraba por muchos mexicanos ir a comprar a Estados Unidos, lo que no había en México y la tentación de traer productos contrabandeados era constante y lo mismo se tría electrónica que pollo y carne o fajitas que en Matamoros los fines de semana se consumen en cantidades industriales, al igual que cerveza y whisky Buchanan’s. Había desde luego otro tipo de contrabando de los Estados Unidos a México, cuando apenas iniciaba el boom de los productos chinos, todos esos productos pasaban por la aduana principal en la mera frontera entre México y los Estados Unidos, como en la garita 22, que estaba ubicada sobre la carretera Matamoros-Victoria.

De México a Estados Unidos igual se pasaban muchas cosas, todo lo imaginable, pero lo principal seguramente era la droga, aun cuando esa no pasaba por las aduanas sino en el largo trecho del Río Bravo que delimitaba a los dos países, frontera larguísima, poco vigilada en los dos lados, por donde cruzaban tanto estupefacientes como personas llevadas por los entonces llamados pateros que les cobraban por pasarlos a los Estados Unidos.

Para dar un giro a la política editorial del diario, convenimos el dueño don José Carretero Balboa y yo, en desplegar algunos proyectos inmediatos, que se centraban principalmente en el cambio de imagen, como decía anteriormente el Bravo era un periódico estándar, con un ancho aún muy grande, el que se usaba desde mediados del siglo pasado, con poco color, eso sí mucha plasta de color, que se formaba a mano, por lo que urgía renovar su equipo, planear un nuevo diseño, incorporar más fotografías utilizando el formato digital que ya se encontraba en el mercado a través de las computadoras Mac de Apple, entre otras cosas.

A la par de ese diseño de imagen, decidimos don José Carretero y yo impulsar nuevos contenidos y a propuesta de él, decidimos desplegar una campaña permanente de proyectos detonadores de desarrollo para Matamoros.

Quien diga que los medios de comunicación son simplemente denunciantes de lo que acontece en la sociedad, está equivocado, pues son también agentes transformadores del entorno social y eso lo demostró El Bravo.

Lo primero que hicimos fue poner en marcha una campaña promoviendo proyectos detonadores de desarrollo, en los que involucramos a un equipo asesor técnico, que nos proporcionaba información sobre qué hacer y cómo para transformar la ciudad de Matamoros hasta ese momento abandonada y con muchas carencias tanto de infraestructura como de servicios.

Propusimos proyectos tanto para el área urbana como de desarrollo del campo y las zonas agrícolas de Matamoros, además de analizar y proponer acciones para el riego y el abasto de agua en la región, lo que fue muy reconocido. Reportajes y entrevistas, trabajos que realizaron los reporteros de El Bravo, que ahí están en sus páginas para consulta y que abrieron muchas posibilidades a la Ciudad y que detonaron varios proyectos, pero lo más importante que abrieron nuevos horizontes a una zona antes sumida en el desgano y la apatía oficial.

Fue tanto el éxito de esta política editorial de desarrollo promovida por El Bravo, que el Comité que se instaló para asesorar al periódico en los proyectos que propusimos, se integró como asociación civil como Consejo de Proyectos Urbanos y Regionales de Matamoros (Copurem), el que después era área de consulta obligada para el ayuntamiento de la Ciudad.

Además de estos trabajos editoriales comencé a sostener reuniones con los servicios de noticias que contrataba el periódico, como Servicio Universal de Noticias, donde estaba Jhon Allius, un canadiense que se convirtió en mi amigo y a quien muchas fui a visitar a sus oficinas en la parte alta del edificio del periódico El Universal en México.

También con Eloy Aguilar un viejo periodista muy reconocido en el mundo y representante de la agencia AP, ya fallecido, pero que viajaba periódicamente a la Frontera para saludarme y comer junto en el Hotel Residencial a donde llegaba y con quien veía los servicios de noticias y fotografía que le prestaba al periódico.

En ese tiempo no había servicios digitales para recibir las fotografías, solo los datafos equipos viejitos pero muy efectivos. Aún recuerdo que en una ocasión durante una elección un grupo de ciudadanos quemó las oficinas del Comité Municipal Electoral de Matamoros.

Los fotógrafos del periódico se fueron rápidamente a cubrir la quemazón y los reporteros a cubrir la nota. Estaba yo parado en la puerta de mi oficina y ante la información que me daban por teléfono me paseaba de un lado a otro de la redacción y de pronto observé que el viejo Datafoto de la AP, comenzó a emitir el clásico ruido de emisión de una fotografía y grande fue mi sorpresa que al enterarme apenas quince minutos antes de la quemazón del edificio y de los paquetes electorales, la agencia AP internacional estaba ya enviando a la redacción de El Bravo las fotografías de los sucesos.. (continuará)..

 

 

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