Un profesor debe ser un buen educador con un simple pizarrón.

Un profesor  debe ser un buen educador con un simple pizarrón.

Las nuevas tecnologías son medios no fines

Para el Doctor Luis Fernando Vílchez Martín nuestro mundo es muy abundante en medios, pero escaso en fines y, en cuanto a educación, el fin no siempre es la clave que da sentido a la enseñanza.
Un profesor, por ejemplo, debe ser un buen educador con un simple pizarrón, pero también con una computadora y un cañón que proyecte sus láminas para impartir clase, destacó el ponente; pero también debe ser capaz de aplicar una “filosofía de mínimos”, compuesta por valores que se puedan compartir desde distintos niveles de la sociedad que, además, añaden un plus ético y moral.
“La ética de mínimos es la que defiende los derechos humanos, la justicia, la solidaridad”, expuso. Es una ética que pugna por ayudar a los demás.
El profesor de la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación refirió lo anterior en la conferencia “Aprendizaje, construcción del conocimiento y TIC’s” que impartió la tarde de este miércoles en las instalaciones de Ediciones SM.
El conferencista aseguró que para educar a un niño hace falta una tribu, hace falta movilizar a los profesores para que logren un verdadero intercambio de ideas, que salgan de sus aulas y visiten a sus pares para conocer otras maneras de enseñar. Todo esto para tender puentes y contrarrestar que los jóvenes vivan en su propio laberinto tecnológico, dentro del cual están solos la mayoría de las veces.
Es por ello que los padres también deben permitirse el seguir aprendiendo, agregó, optar por una educación continua a lo largo de toda su vida, de manera que las nuevas tecnologías no los abrumen y puedan acompañar a sus hijos a pesar de no ser nativos de las tecnologías de la información.
Y es que el objetivo principal de la educación, insistió Vílchez Martín, es promover el desarrollo personal de los alumnos desde sus capacidades cognitivas, afectivas, sociales, morales, así como desde la confianza, todo ello con la firme expectativa de conseguir, además de vidas personales realizadas, una sociedad justa y solidaria.
La educación debe proporcionar bases y recursos para potencia la comprensión de nuestros diversos mundos, insistió el catedrático, tales como el mundo físico, el biológico, el social, el de las tecnologías, pero también el mundo personal.
“Si estuviera al frente de un colegio”, insistió, “me preocuparía porque los profesores fueran buenas personas, sobre todo; luego en ser capaces de entrar en esos sentimientos de los alumnos, no se puede ser buen profesor si no se conoce a los alumnos, si no se entra en su mundo de sentimientos”.
Por ello “hoy los profesores tenemos que ser en todos los niveles acompañantes, un compañero de camino”, explicó.
Además de ser esos acompañantes, los profesores tienen que ser esas personas que comparten el pan de la palabra, del afecto, de la exigencia, de la alegría, del buen humor, de lo lúdico, dijo el ponente. Y deben hacer las veces de hermeneutas, de intérpretes: deben enseñar a ver.
Todo ello para ir de la mano con los miembros de lo que Vílchez Martín denominó la Generación ON, los niños y jóvenes nativos de las nuevas tecnologías, cuyas vidas funcionan a golpe de botón.
Van directamente a dar clic a “encendido”, quieren las cosas aquí y ahora, y si no llegan pronto, se ven frustrados, continuó, lo cual deviene en agresividad. “Los chicos y chicas de los colegios de hoy son chicos de la inmediatez y tienen intolerancia a la espera”, añadió.
Es ahí donde se pueden aplicar los valores: “si nos ayudan a que la educación sea más personalizadora, habremos dado un paso más”, insistió Vílchez Martín.

 

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